Encendí el motor, puse la primera y arranqué. Justo cuando salía de mi pueblo eche un vistazo por el retrovisor para ver, quizás por ultima vez, el pueblo donde había nacido y crecido.
- Adiós Marin. Nos vemos en la otra vida.- Pensé.
No llevaba ni 3 km recorridos cuando de golpe apareció un tipo en medio de la carretera, agarre la remington de la bolsa de armas, bajé la ventanilla y apoyé el cañón a medida que fui reduciendo la marcha hasta detenerme a su altura para ver que ocurría con el.
Estaba muy alterado, tenia la ropa un poco sucia, sus ojos estaban tan abiertos que parecía que se le iban a salir de las órbitas y no paraba de farfullar...
¿Que ocurre?- Le pregunté
Uno, primero era uno solo luego pasaron unos perros corriendo y al momento eran casi un ejercito...
Estaba casi convencido de que los perros eran los mismos que habían pasado por mi calle
Por favor, ayúdame, no quiero morir-
- ¿Te han mordido? ¿arañado? etc...- Tenia que asegurarme antes de dejarlo entrar en la furgo
-No, lo intentaron, pero pude acabar con el que lo intentó.
- Bien, vámonos de aquí, podrían volver.
Le permiti subir, el me dio las gracias a la vez que me tendia su mano en señal de saludo.
-Soy Francisco, Fran para los amigos.
- Andrés.- Le contesté. - Encantado de conocerte Fran.
- ¿ A dónde te diriges?- Yo voy a la capital, a Santiago, han dicho que allí hay organizado un refugio con comida, agua caliente, y protección militar.-
Yo escuchaba todo lo que el me contaba, pero en mi cabeza solo había dos cosas, debía saber si Lucía estaba bien, y debía encontrar a mis amigos.
Lucía era mi ex-novia. Hacía casi 4 meses que me había dejado sin darme ningún tipo de explicación, y aunque estuviese dolido por su traición, necesitaba saber que estaba bien; así que lo que hice fue ir directamente a su casa.
- ¿ A donde vamos? Por aquí no se va a Santiago. - Fran estaba poniéndose algo pesado.
- Debo comprobar una cosa, será un momento. Tu si quieres puedes quedarte haciendo guardia en la furgo.
Zelda estaba tumbada en la parte de atrás, supuse que estaría dormida.
Al llegar a la zona residencial donde vivía Lucía me encontré con algo que ya me esperaba y que ya había visto. El paisaje era desolador. Aparqué cerca del portal de su edificio, me di la vuelta y agarre de la bolsa de cuchillos el Machete de cortar huesos y el cuchillo cebollero de 31 cm, serian armas suficientes, pero por si acaso me llevé conmigo la barra de hierro para mantener algo la distancia, y por si acaso la cosa se ponía muy fea y no quedaba mas remedio una de las 9mm pero solo como último recurso.
Lucía vivía en el tercer piso, y tenia que subir por las escaleras porque el suministro eléctrico fallaba como un reloj ruso. En ese momento me di cuenta, NO TENIA LINTERNA! que estúpido había sido, debía hacerme con una... por suerte para mi aun era de día y entraba claridad por los tragaluces de la escalera. Subí hasta el tercer piso y lo que me encontré fue muy desagradable. La puerta estaba abierta, junto a la puerta me encontré a Isa, la madre de Lucía, estaba hecha pedazos, en el salón estaba Emilio, el padre de Lucía, mas o menos en las mismas condiciones; mi desesperación fue total cuando al entrar en el cuarto de Luci, me encontré su cama llena de sangre, pero no su cuerpo. Salí de allí a escape, no podía perder tiempo en lamentarme en ese instante. Por suerte para mi el edificio estaba vacío. Volví a la furgo donde me esperaban Fran y Zelda.
- ¿ Has encontrado lo que buscabas? - me preguntó
- Aun n... - iba a decir que no cuando vi lo que no quería ver. al otro lado de la calle estaba ella. Mirándome, pero... era demasiado tarde, ya se había convertido en un puto Zombie.
Me quedé mirándola, y ella me devolvió la mirada, un segundo después se dirigía hacia mi del mismo modo que habían hecho mi abuelo y el marido de la vecina de mis abuelos.
Saqué la 9mm del pantalón, tiré del percutor del mismo modo que la vez precedente y justo un segundo antes de disparar le volví a poner el seguro y la enfundé. No podía matarla... habían sido dos años y medio con ella, aun tenia muy reciente la muerte de nuestro amor.
Cuando volví en mi su cuerpo yacía ante mis pies, tirado en el suelo. Su cabeza estaba atravesada de lado a lado por una flecha. Busqué por todos lados al causante, pero no vi a nadie, solo a Fran dentro de la furgo que me miraba perplejo, aquel día se estaba convirtiendo en algo muchisimo mas difícil de lo que podía soportar... [...]
Me gusta como se transforma la historia. Estás cambiando el sueño, metiendo personajes y situaciones nuevas. Mola, sigue así. ^^
ResponderEliminarya, pero no me va a quedar mas remedio que tomar ideas prestadas.. en algun momento me tocará. Y no quería, despues me acusaran de copiar a the walking dead, o a Romero, o sabe dios... aunqe fijandonos un poco se copian unos a otros pero bueno.... xD
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