- Miguel ! Miguel! ¿me recibes?. Alex! ¿Me recibes? - Moncho seguía intentando contactar con ellos, pero era inútil. Solo captaba interferencias y ruido.
- Rápido, ¿en que calle está el piso? - pregunté
-Junto a la alameda. Entra por el puente de los tirantes y sube todo recto, podemos atajar por la calle Benito corbal.
- Dejate de calles Moncho, atajaremos por donde sea!
Al llegar a la avenida de Compostela, pudimos comprobar la enorme cola de coches abandonados que en su día intentaban salir del a ciudad. Hoy solo era un enorme cementerio de coches.
Al pasar cerca del hospital Provincial un enorme grupo de Bichos trataron de bloquearnos el paso. Con un volantazo giré en una de las calles colindantes y atajé por encima de las aceras.
- Moncho prueba otra vez. Avisales de que vamos!- ordené
- De acuerdo. Miguel! Miguel! Soy mocho! he encontrado a Andrés, Vamos a sacaros de ahí!
Grfgrhghfrgfgfrhgf!!!!!!!!! ( interferencias ) y de pronto la voz de Miguel salio del walkie.
-¡ Daos prisa! están subiendo! NO se si aguantaremos, queda la mitad de la munición, y los refuerzos del portal no se si aguantaran!! grrrfffrffrffrfff.... - una ultima interferencia y de pronto silencio.
- ¡Moncho tengo una idea!- propuso Fran. Prepara todas las flechas que tengas. Os dejare a ti y a Andrés para que acabéis silenciosamente con todos los bichos que podáis. Yo distraeré con la furgo al resto, mientras tanto subid sacad todo lo que os haga falta y volved a bajar, os recojere con la furgo.
Debo admitir que me pareció un buen plan. Así que paré la furgo en seco. Fran y yo nos cambiamos de asiento, y arrancamos de nuevo.
- Es ahí, subete a la acera!- indicó moncho. fran acelero, la furgo subió el bordillo dando un fuerte golpe, el portón del maletero se abrió y la poca carga que habíamos dejado la noche anterior dentro empezó a caer fuera del maletero.
- MIERDA! - gritó Fran-
- Da igual ahora es tarde ya - le contesté. - Tira y dejanos bajar.
Fran nos dejó a la vuelta de la esquina Moncho zelda y yo bajamos, y Fran arrancó. Cual fue nuestra sorpresa que, en ves de dirigirse hacia los bichos dio media vuelta y se fugó con mi furgoneta.
- ¡HIJO DE PUTA! Vuelve aquí! - Era inútil gritarle. Se había ido. No era el momento de quedarse quietos.
Moncho y yo seguidos por Zelda nos pusimos en marcha hacia el piso donde estaban nuestros amigos.
Había como unos 30 bicho aporreando el portal, y unos 10 o 15 muertos por el suelo.
Moncho cargó la ballesta, apunto y uno a uno fueron cayendo, hasta que solo quedaron 4.
Por suerte yo llevaba mis cuchillos conmigo así que le preste uno a mi amigo, y nos fuimos hacia los bichos.
2 de ellos nos vieron y se dirigieron hacia nosotros; Empuñando mi machete de carnicero con fuerza esperé a que aquel cara-muerto estuviese a mi altura y con todas mis fuerzas le corté el cuello en horizontal de un machetazo. Un enorme chorro de sangre empezó a brotar de su cuerpo que se desplomó en el suelo.
Moncho cogió su cuchillo y hundió la punta atraves de uno de los ojos del otro zombie que nos atacaba; con un asqueroso sonido gelatinoso la punta del cuchillo atravesó la cuenca del ojo y salió rasgando la piel de la nuca del zombie que también se desplomó. De los otros dos nos deshicimos con facilidad partiéndoles el cuello.
- ¡Todo despejado! Gritó Moncho.
- Rápido subid! tenemos un problema!- La voz de Alex retumbó por toda la calle.
Moncho Zelda y yo subimos por las escaleras hasta el 2º piso. Era un edificio relativamente moderno. De unos 15 años de antigüedad.El suelo era de mármol pulido, igual que las escaleras, y el pasamanos era de madera tallada.
Entramos en el piso, el cual tenia la puerta entreabierta, unos gritos desgarradores provenientes de la cocina inundaron el hueco de la escalera.
- Rápido, traed algo con que golpearla!- Otra voz conocida llegó hasta mis oídos.
Cuando entre en la cocina la escena que me encontré no fue otra que, una señora de unos 70 años retorciendose y contorsionandose como un tigre atrapado en una red. Alex la sujetaba y Miguel le ayudaba, en ese momento me giré y me encontré con Antón, el compañero de piso de Miguel en Santiago. Antón traía un bate de baseball de hierro, y con un golpe digno de un bateador de Los Red Socks le partió la crisma a la anciana. En el suelo de la cocina había un joven muerto, totalmente destripado. Di por sentado que era el nieto de la anciana.
- Joder, por que poco - Dijo Miguel. - Gracias por llegar a tiempo. Me alegro de veros con vida tíos.
Todos nos saludamos como de costumbre, apretones de manos, abrazos y sonrisas. Gracias a dios aunque nos encontrasemos en medio del fin del mundo y me acabasen de robar el único modo de salir de la ciudad, estábamos todos juntos, eso era una buena señal, la señal de que aun había esperanza para nosotros....
Dios que ganas de más, en serio. Tienes algunos fallos a lo hora de escribir y narrar pero es lo de menos. La historia me tiene enganchado, lo reconozco.
ResponderEliminarPor cierto, Fran merece la muerte xD